Tras la primera noche en tierra belga, procedería hacer un breve resumen de los últimos dos días....
Podría contar que Biarritz ha resultado un pueblo bastante bonito (la última vez llovía y hacía bastante fresco, pese a estar en pleno mes de junio) y la Playa de los Vascos realmente impresionante, por longitud, olas y densidad de surferos...
También podría hablar del hotel en Rouen, de su moqueta raída, del curioso techo de la habitación o del olor "añejo" que en él se respiraba...
Del edificio de enfrente...
O de cómo cambió nuestra opinión a la mañana siguiente, cuando el dueño nos atendió con tal cortesía y exquisitez que llegó a convencernos de que regentaba el mejor hotel del centro de la ciudad. Sin duda, la ubicación era inmejorable, pero al resto no le vendría mal una manito de chapa y pintura.
Llegamos a Bruselas pasadas las cuatro de la tarde, casi según el horario previsto, con un tráfico imposible de sábado por la tarde que nos hizo tardar casi otra hora en llegar al lugar acordado. Conforme a lo esperado, una altísima, monísima y atentísima Anne-Véronique nos entregó las llaves y explicó los detalles básicos del lugar, tras lo cual nos dispusimos a instalarnos.
Subir todo el equipaje a un tercero sin ascensor por una escalera, por la que apenas cabe una persona un poco ancha, era algo que no se podía pensar demasiado, porque corría el riesgo de pasar los tres meses teniendo que bajar a buscar las mudas al coche. Afortunadamente, había quedado un hueco libre justo delante del portal, perfecto hasta el lunes, cuando gestionaré el alquiler de una plaza de garaje.
Nuestro nuevo hogar es pequeño pero espacioso, práctico y muy coqueto, se nota que ha sido preparado con cuidado. Casi cabe entero en una sola foto.
Cada rincón está perfectamente aprovechado
Aunque tiene algunos inconvenientes, como la habitación con vistas
y una abundancia de cadáveres muy poco sugerente: al ratón en las escaleras, que descansa en paz en una bolsita
recogecacas convenientemente depositada junto a la basura en la calle, pronto se sumó la paloma de la ventana.
La casa está sembrada de veneno para ratones, esperemos que no nos den ningún disgusto, ni lo uno ni los otros.....
A pesar de todo parece razonablemente buena, tratándose de una vivienda provisional, y la ubicación es interesante. Quizá el vecindario es un poco peculiar, será cuestión de acostumbrarse.
Llegada una hora prudente, decidimos que era momento de descansar sin pensar en tener que madrugar y coger el coche al día siguiente. Habían pasado apenas diez minutos cuando un jaleo de gritos y golpes nos hizo saltar de la cama y salir a la ventana. Un grupo de personas discutían acaloradamente en los bares de enfrente y un par de tipos, armados con sillas de los locales, la emprendieron a golpes con los cristales y a navajazos con las ruedas de un coche que estaba aparcado. El mío era el siguiente de la fila, unos metros más arriba; quise pensar que se trataba de algo personal contra el dueño de aquel y que no había de qué preocuparse... Por suerte, no tardó en aparecer la policía, momento que aprovechamos para llevarnos el coche a un lugar en apariencia más seguro, aun con la intranquilidad en el cuerpo de no saber dónde nos habíamos metido.
Han pasado veinticuatro horas, la calle ha estado tranquila todo el día, hemos hecho una visita a Ikea y esto empieza a parecerse a un hogar.
Bonsoir, Bruxelles!