domingo, 25 de septiembre de 2011

La ciudad


Dos semanas después, aún no se puede decir que haya visto la ciudad. Además del área entre mi casa y el trabajo, algo extendida hacia la zona de la Comisión, un viaje en coche a Ikea, otro a un Carrefour y un tercero al aeropuerto han sido, aparte del paseo nocturno por la Grand Place, las únicas ocasiones en que he salido del barrio.

Mi casa (la fea, la otra era demasiado cara XD)


Un poco por curiosidad y también, por qué de no decirlo, por pudor (no puedo volver después de tres meses sin haberla conocido razonablemente bien), esta mañana me he puesto a estudiar la guía de viajes que compré. Al leerla con cierto detenimiento, llego a la conclusión de que igual no me da tiempo a verlo todo, considerando otras ciudades que pretendo visitar y que paso la mayor parte del día, y de los días, trabajando.
Con la lectura he descubierto cosas interesantes, como el Atelier de Recherche et d'Action Urbaine (ARAU), una asociación de ciudadanos preocupados por el urbanismo, que examinan y tratan de mejorar proyectos públicos y privados y ofrecen visitas guiadas, con completos recorridos mostrando los edificios art nouveau y art decó, que por lo visto abundan. Debería de haber grupos como éste en todas partes, es una idea estupenda, aunque no llego a imaginármelo en España.....  


Algo más tarde, aprovechando el sol del domingo, alargamos el paseo vespertino un poco más de lo habitual. Todas las calles del entorno son bastante parecidas y estaban igual de vacías a esas horas de la tarde, a pesar del día espléndido. Los edificios, bastante viejos, tienen mil recovecos y grietas en los que Musa se empeña en meter el hocico, igual que en las bolsas de la basura que se amontonan junto a farolas y árboles. No me acabo de adaptar a este sistema sucio, antihigiénico y antiestético a más no poder, y a algunos parece importarles poco que no la recojan a diario.

La casa de mi vecino, el ratón





A veces da la impresión de ser muchas ciudades en una: medieval, moderna, decadente, bucólica.... y no es fácil encontrar los rincones interesantes, esos que no vienen en las guías y no están abarrotados de turistas, si no te llevan.


A dos manzanas de casa, detrás de la iglesia de Saint-Boniface



miércoles, 21 de septiembre de 2011

En proceso de integración


Mis compañeros de trabajo opinan que ya estoy muy integrada, con mi perro, mi coche y mi manta para el sofá, pero lo cierto es que aún me siento un poco de provincias cuando tengo que salir a alguna parte. Tampoco es que tenga complejos, pero me encuentro muy limitada cuando alguien se dirige a mí y sólo puedo responder tartamudeando que je ne comprends pas. Lo que más rabia me da es que luego, con calma y en solitario, casi sería capaz de construir una frase correcta. Habrá que insistir.

Siempre he estado convencida de que los sitios hay que vivirlos, no importa a cuántos kilómetros se esté de casa o lo distinto que sea el entorno; creo firmemente en la integración como estrategia más útil, provechosa y, sin duda, inteligente. Tal vez no llegue al grado de perfección de mi amiga Maribel, que adoptó casa, coche y hasta madre de un amigo en su primer viaje a Conneticut, pero estoy en ello.


El trabajo ha sido más que intenso desde el primer día. Durante estas primeras semanas nos tienen en modo campo-de-concentración, con sesiones tras las que acabamos al borde de la muerte cerebral por exceso de información.
A pesar de lo apretado del horario, ya he conseguido escaparme un par de veces, una para visitar la oficina regional y la última ayer, para asistir a una conferencia. He admitir que me he sentido un poco Alfredo Landa, con la boina, la cesta y la gallina bajo el brazo (si acaso con un poco más de estilo ;-P), entrando en la Comisión, ese ente que desde provincias suena tan abstracto y lejano, pero que existe, tiene edificios, con personas dentro y todo, que se mueven, hablan y salen a fumar a la puerta, igualito que en España. No voy a describir mi torpeza extrema para encontrar la sala y un lugar donde sentarme, ni la conferencia, que tenía mucho blablabla y poca chicha. Después de todo, este pretende ser un rincón lúdico, aunque reconozco que tener al DG de investigación a escasos metros me ha impresionado un poco y su oratoria es mucho más cautivadora al natural que por videoconferencia. 
Al final de la jornada, ante la perspectiva de los veinte minutos de caminata que me separaban de casa, decidí probar suerte con el metro, pero la estación en obras y la ausencia de un plano en condiciones que me diese alguna pista sobre qué linea coger y dónde hacer el transbordo, me disuadieron de inmediato.  Salí de nuevo a la calle con la intención de echar a andar, pero acabé cediendo a la tentación de uno de esos dispensadores de bicicletas municipales que abundan por la ciudad, para llegar a la conclusión, unos pocos cientos de metros más tarde, de que no había sido la mejor de las ideas. Un par de doloridas piernas lo confirmaron un rato después, cuando llegué a mi destino. Hasta el momento, he pasado más tiempo a pie que rodando sobre el carril bici, lo que no tampoco deja de tener su peligro.



Un par de apresurados recados más tarde, llegó lo que últimamente está suponiendo el primer momento de relax del día: un paseo con Musa por el barrio. En una esquina cercana, un chico con aspecto árabe que charlaba animadamente con otros dos amigos me pidió fuego para encender el cigarro que llevaba en la mano. Solamente un fumador sabe que infinitamente más dramático que estar sin tabaco es no tener con qué encenderlo, así que saqué la cajetilla y de ella el mechero, y se lo ofrecí. Encendió el pitillo y, mientras continuaba su conversación, extendió el brazo y me lo devolvió sin mirarme a la cara. Lo de dar las gracias lo consideraría un exceso. Además de un alarde de mala educación, su actitud me resultó tan humillante que según continuaba caminando por la calle, mi grado de indignación aumentaba de manera exponencial. A lo mejor es una suerte que no sepa insultar en francés, porque me habría metido en un problema..........

domingo, 18 de septiembre de 2011

Primeras impresiones


Hace una semana que llegamos y apenas nos hemos dado cuenta de que pasaba el tiempo hasta que, a golpe de domingo por la tarde, nos hemos quedado solas Musa y yo. Además de las cuestiones de índole práctica, que no son pocas, ha sido un lujo poder compartir los descubrimientos absurdos, divertidos y a veces incómodos que nos permiten ir conociendo a nuestros nuevos vecinos. 



Hemos explorado el barrio para descubrir que (afortunadamente!!) no vivimos en el Bronx, sino a un par de calles del Serrano bruselense, donde uno puede comer cada día en un continente y comprar fruta los domingos, tras recorrer el mercado de pulgas en busca de algún tesoro, o escuchar a una banda de gaitas escocesas mientras toma una cerveza al fresco. 






Hemos aprendido que hay bolsas "reglamentarias" para la basura, azules, blancas y amarillas, que se dejan en la acera y que sólo se recogen dos veces por semana.

Hemos pagado una pequeña fortuna por unas horas de parking en el centro para cenar en un restaurante tradicional, en el que los camareros debieron venir de serie con el local, a juzgar por la edad que parecen tener. 

Hemos tomado una copa entre semana escuchando música en directo y paseado por la Grand Place, que iluminada está preciosa.








Hemos olido la comida de los vecinos cada día (y sus fumadas domingueras), gracias al peculiar sistema de ventilación del edificio.

Hemos empezado a recorrer el país llevando a Musa de turismo, que ha ido en barco y autobús por primera vez a sus once añazos. Ni así se le quita el miedo de quedarse abandonada.....




Hemos vivido el día europeo sin coches con la ciudad invadida por hordas de ciclistas. Y hemos tenido que esperar más de una hora para poder volver a casa, en coche.

Ha llegado el frío sin pedir permiso..... igual que lo hacen el sol y los tremendos aguaceros que te dejan calado en tres minutos.






No se está mal, de momento, en el país del chocolate y la cerveza :-D



domingo, 11 de septiembre de 2011

Instalándonos


Tras la primera noche en tierra belga, procedería hacer un breve resumen de los últimos dos días....

Podría contar que Biarritz ha resultado un pueblo bastante bonito (la última vez llovía y hacía bastante fresco, pese a estar en pleno mes de junio) y la Playa de los Vascos realmente impresionante, por longitud, olas y densidad de surferos...
















También podría hablar del hotel en Rouen, de su moqueta raída, del curioso techo de la habitación o del olor "añejo" que en él se respiraba...












Del edificio de enfrente...



O de cómo cambió nuestra opinión a la mañana siguiente, cuando el dueño nos atendió con tal cortesía y exquisitez que llegó a convencernos de que regentaba el mejor hotel del centro de la ciudad. Sin duda, la ubicación era inmejorable, pero al resto no le vendría mal una manito de chapa y pintura.



Llegamos a Bruselas pasadas las cuatro de la tarde, casi según el horario previsto, con un tráfico imposible de sábado por la tarde que nos hizo tardar casi otra hora en llegar al lugar acordado. Conforme a lo esperado, una altísima, monísima y atentísima Anne-Véronique nos entregó las llaves y explicó los detalles básicos del lugar, tras lo cual nos dispusimos a instalarnos.
Subir todo el equipaje a un tercero sin ascensor por una escalera, por la que apenas cabe una persona un poco ancha, era algo que no se podía pensar demasiado, porque corría el riesgo de pasar los tres meses teniendo que bajar a buscar las mudas al coche. Afortunadamente, había quedado un hueco libre justo delante del portal, perfecto hasta el lunes, cuando gestionaré el alquiler de una plaza de garaje.

Nuestro nuevo hogar es pequeño pero espacioso, práctico y muy coqueto, se nota que ha sido preparado con cuidado. Casi cabe entero en una sola foto.



Cada rincón está perfectamente aprovechado



Aunque tiene algunos inconvenientes, como la habitación con vistas



y una abundancia de cadáveres muy poco sugerente: al ratón en las escaleras, que descansa en paz en una bolsita recogecacas convenientemente depositada junto a la basura en la calle, pronto se sumó la paloma de la ventana.



La casa está sembrada de veneno para ratones, esperemos que no nos den ningún disgusto, ni lo uno ni los otros.....


A pesar de todo parece razonablemente buena, tratándose de una vivienda provisional, y la ubicación es interesante. Quizá el vecindario es un poco peculiar, será cuestión de acostumbrarse.

Llegada una hora prudente, decidimos que era momento de descansar sin pensar en tener que madrugar y coger el coche al día siguiente. Habían pasado apenas diez minutos cuando un jaleo de gritos y golpes nos hizo saltar de la cama y salir a la ventana. Un grupo de personas discutían acaloradamente en los bares de enfrente y un par de tipos, armados con sillas de los locales, la emprendieron a golpes con los cristales y a navajazos con las ruedas de un coche que estaba aparcado. El mío era el siguiente de la fila, unos metros más arriba; quise pensar que se trataba de algo personal contra el dueño de aquel y que no había de qué preocuparse... Por suerte, no tardó en aparecer la policía, momento que aprovechamos para llevarnos el coche a un lugar en apariencia más seguro, aun con la intranquilidad en el cuerpo de no saber dónde nos habíamos metido.


Han pasado veinticuatro horas, la calle ha estado tranquila todo el día, hemos hecho una visita a Ikea y esto empieza a parecerse a un hogar. Bonsoir, Bruxelles!








jueves, 8 de septiembre de 2011

No os compréis un OPEL


Pese a tener la firme intención de seguir actualizando con los preparativos, las últimas semanas han sido un poco de locos. El asunto del alojamiento ha sido más complicado de lo que parecía y solamente hoy me han confirmado la recepción del pago, con la tranquilidad de que cuando lleguemos estará Anne-Véronique esperando con las llaves en la mano a la puerta de nuestra nueva morada.

Así pues, entre compras, trabajo y preparativos varios ha pasado casi un mes tras el cual, con gran esfuerzo manual e intelectual -combinar bolsos, zapatos y demás aderezos para tres meses y ser capaz de meterlos en una maleta no es moco de pavo-, logramos salir de casa a una hora razonable.
Tres o cuatro kilómetros más tarde, creí sufrir un deja vu. Lamentablemente no lo era, el chasquido, acompañado de una bajada incontrolada de la ventanilla trasera derecha, me resultaba familiar, como también la factura del arreglo, hace apenas dos semanas, de su compañero de la izquierda. Suerte que estábamos cerca y que mi mecánico de cabecera, además de un auténtico manitas, es un santo. Con un par de bridas y gran habilidad solucionó la contingencia, de modo que conseguimos arrancar con algo más de una hora de retraso y la certeza de que la ventanilla quedará cerrada de por vida. Por lo demás, cuando tenga un día inspirado escribiré una carta a Opel para ver si son capaces de explicar por qué se rompen dos ventanillas que apenas han tenido uso en unos pocos años, pero eso es otra historia....





Por suerte el día ha sido soleado y tranquilo para una ruta sin más incidentes.













Y la merecida recompensa a una larga jornada de carretera: un coqueto hotel en Biarritz en el que dan ganas de quedarse a vivir. Lástima estar de paso.....